lunes, 22 de diciembre de 2014

desde el tren. 22 de diciembre. El riachuelo de nuestra vida.




Buen día nos de Dios.

La vida transcurre como la del riachuelo que ilustra esta íntima reflexión. La vida es ese cúmulo de acciones, hechos e incluso omisiones que realizamos a diario a los ojos de todos los que de una u otra manera nos observan detenidamente.

El agua plácida de este tranquilo riachuelo discurre tranquilamente aunque también se encuentra con piedras en el camino que hace que en más de una ocasión tenga que cambiar la dirección aunque nunca el paso pues después siempre confluye en un punto y lugar para seguir por el mismo camino.

Así es la vida, así es nuestra vida.

Vamos caminando con pie seguro hasta que llegan los problemas, que son las piedras, como pueden ser de salud, profesional, emocional, de discernimiento, y entonces tenemos que cambiar el paso, coger por los senderos, caminar recto por caminos torcidos hasta que vuelven a retomar el paso en la dirección correcta.

El hombre por sí solo no hace nada, no podemos hacerlo, porque cuando vienen los problemas, las angustias, las preocupaciones sean de la índole que sean todo nos sobrepasa y caemos rendidos a la primera de cambio. El hombre que es "superpoderoso" no tiene el poder de cambiar en sí la realidad, no tiene la capacidad de transformarlo todo porque, aunque algunos se empeñen, eso es cosa de Dios.

El hombre no es Dios sino una criatura formada en sus manos.

Cuando nuestra vida es como el riachuelo va discurriendo plácidamente, todo parece irnos bien, y nos vemos fuertes, poderosos, capaces, para hacer todo aunque cuando aparecen las piedras, grandes o pequeñas, nuestra "alta estima" desaparece y somos unos simples espantapájaros.

Si queremos hacer todo por nosotros mismos nuestra meta será el fracaso, si nos cogemos de la mano de Dios sabemos que vamos por camino seguro por muchas cuestas, piedras, escarpadas paredes, resbaladizo terreno que nos podamos encontrar porque vamos cogido de la mano de nuestro Padre que nos sujeta con Amor, fuerza y seguridad.

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

Quiero dedicar expresamente esta reflexión a mi buen hermano Alfonso Javier Caravaca Coca y Berta Benítez Moscoso en el día de su cumpleaños. Que el Niño Dios os bendiga, os ayude y os colme de su Bendita Gracia siempre en todo momento y lugar.

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