martes, 10 de marzo de 2015

desde el tren. 10 de marzo. ¿Me perdonas?




Buen día nos de Dios. 


¡ Perdona a tu pueblo Señor! 



Dios siempre nos perdona, ¿Y nosotros lo hacemos con nuestros hermanos? 

¡Qué nos cuesta perdonar y pedir perdón! 

Pedir perdón es abajarse de todos, todos los pedestales en los que estamos instalados aún de esos que no creemos estar. 

Pedir perdón ennoblece nuestro alma y nos hace ser mejores personas. Ser mejor no es creérselo sino serlo. 

Quiero ser mejor en bondad, en humildad, en desprendimiento y servicio al otro y también en perdón. 

Ser mejor por el mero hecho de serlo como una pose social que hace que te separes de la realidad que te rodea es sin lugar a dudas una pérdida de tiempo y es tan escaso...

Pedir perdón también es perdonar al otro que te pueda haber ofendido o causado un pesar sea cual sea, haya hecho lo que haya hecho. 

Si pedir perdón es un acto de verdadera humildad el perdonar te hace grande a los ojos de Dios y del mundo que ansía el verdadero amor porque al fin y al cabo el perdón es una inconmensurable obra de Amor hacia nuestro prójimo y también hacia nosotros mismos. 

Cuando nos veamos incapacitados para pedir perdón y perdonar por culpa de "nuestros" miedos, temores y complejos pongámonos en las Manos de María que Ella nos llevará a Su Hijo para transformar nuestros pétreos corazones y hacer que cada latido sea un monumento de gratitud hacia Dios Padre Misericordioso. 

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

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