miércoles, 5 de agosto de 2015

desde el tren. 5 de julio. A nuestros Santos Ángeles Custodios.




Buen día nos de Dios. 

¿Cuando nos sentimos temerosos, el miedo penetrante perfora cada poro de nuestra piel no ansiamos con todas nuestras fuerzas que alguien venga a rescatarnos del pavor que no nos deja ni avanzar? 

Vivir con miedo es la peor sensación que podemos tener pues nos anula como personas y nos va haciendo unas piltrafas en manos de los que no es que no nos quieran sino que nos odian. 

El odio es sinrazón, es orgullo y soberbia incontenida que hace más daño al que lo tiene que al depositario de sus furibundos latigazos. 

Pero cuando el odio nubla las víctimas son destrozadas por todos los medios. ¡Y hay tantas clases de odios aunque sea único! 

Por cuando uno es vapuleado por la inquina de la maldad, venga de donde venga, necesita ser socorrido por los brazos protectores que no alejen de todo mal. 

Y ahí está Dios que nunca nos desampara. Él, cuando un inocente es atacado y no se defiende hace hablar hasta las piedras para protegerlo, cuidarlo y ampararlo ante el mal.

Y ahí están nuestros particulares ángeles de la guarda como nuestros personales protectores que están con nosotros día y noche hasta la hora de expirar. 

Y ahí están esos hombres y mujeres que conforman las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que los puedes ver de azul y verde y que son nuestros particulares ángeles custodios que nos protegen siempre, de día y noche, de la maldad, del odio y del miedo que nos produce el sentirnos vulnerables y desprotegidos. 
Hoy quiero dedicar mi reflexión al Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil y Policía Local por ser nuestros particulares ángeles que es una forma de decir que dan la vida por cada uno de nosotros.

Así como la Asociación Santos Ángeles Custodios y Quiero a la Guardia Civil. 

Me siento orgulloso ser socio de mérito de la primera y colaborador de la segunda porque no todos los días puede Dios premiarte en ser un ínfimo colaborador de todo un ángel. 

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

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