martes, 11 de agosto de 2015

desde el tren. 11 de agosto. Cuando la noche nos envuelve.



Buen día nos de Dios. 

¿Cuántas veces hemos querido cerrar los ojos para que pase pronto la noche de nuestra vida, esa que no nos deja avanzar ni ver, y esperar a que amanezca para volver a disfrutar de esa mezcolanza de colores que preludian la majestuosa luminosidad del sol? 

Y es cuando se instala en nosotros la noche vivimos apagados, temerosos, sombríos pues no llegamos a distinguir pues bien sabemos que todos los gatos son pardos. 

¿Nos hemos puesto a pensar cuantas personas, incluso las que tenemos tan cerca, está pasando una interminable noche en su vida? 

A lo mejor es que hay que detener el paso, aparcar lo que estemos haciendo y auxiliar con actitud de buen samaritano a nuestro prójimo que pueden ser las personas con las cuales convivimos cada día. 

A lo mejor nos pasa que por estar en tantos frentes perdemos la noción del tiempo y no vemos si es noche o ya luce el sol. 

La solución es y no es fácil. Puedes intentarlo por tus propios medios aunque al final puedes sucumbir a los propios miedos porque no vemos más allá de nuestra propia mirada. 

Lo mejor es confiarte, abandonarte al Amor de Dios y con Él por medio de la oración, la Eucaristía y la Adoración vamos cogiendo las fuerzas necesarias para despertar a los despertares y ver que también en nosotros ha vuelto amanecer y ya el cielo empieza a colorear para dar paso al sol que nos alumbra y entonces podremos seguir caminando. 

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

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