sábado, 6 de junio de 2015

desde el tren. 5 de julio.




Buen día nos de Dios. 

Cuando cae el sol y la noche lo inunda todo mientras una elegante y siempre paciente luna aparece más allá del firmamento, los ruidos desaparecen, el trasiego, las prisas son cosas de un pasado tan reciente como son las horas que han pasado en un limite tan cercano o lejano como es el transitar del día a la noche. 

Es la noche un momento de momentos únicos para descansar el cuerpo y la mente en eso que nos distrae y embriaga. En esa tranquilidad que se siente cuando estamos tan cansados de tantas cosas, obligaciones, encomiendas que a diario llevamos a cabo es cuando el Señor permite lo que suele llamar "el descanso del guerrero".

Necesitamos estar descansados y frescos para acometer con ilusión y fuerza la misión que en cada momento tengamos encomendada. 

Es bueno descansar para reempreder el camino con garantías de poderlo terminar ya que se tenga éxito o no es cosa de Dios y no nuestra. 

Todos necesitamos descansar aunque no parados pues la mente siempre trabaja en tal o cual proyecto y nos debemos desvivir para hacerlos realidad si los mismos son buenos para los demás y con ellos, aunque sólo sea con nuestro testimonio de vida, damos gloria a Dios.

En la oscuridad de la noche el mar está en calma mientras la imponente luna luce su resplandor como si de una alfombra plateada se tratase. 

Y Dios que creó todas estas maravillas para nosotros permanece a nuestro lado porque en Él encontramos nuestro verdadero descanso.

Hoy quiero dedicar esta reflexión a mi querida hermana Carmen Cózar Navarro en el día de su cumpleaños. Ella que es la elegancia y señorío hecha persona y que Dios la ha dotado de un corazón enamorado de Nuestro Padre Celestial, de su marido Agustín Rosety Fernández de Castro, hijos, nietos, Familia, amigos así como de todo lo que hace y realiza a diario. 

Mamen es esa luna que siempre resplandece de forma elegante dando color a la negritud del mismo cielo. 

Estoy orgulloso de ser vuestro amigo, vuestro hermano, en tantas batallas y siempre para Mayor Gloria de Dios. 

Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

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