sábado, 14 de mayo de 2016

14 de mayo.


Buenos días Villaluenga.
Buen día nos de Dios.
¡Qué bonito es abrir la ventana nuestra de cada día y notar como el sol alumbra cuanto alcanza la mirada!
Hay que ver lo que influye en nuestro ánimo, en nuestra disposición para hacer las cosas, en nuestro cuerpo lo que es el tiempo, la climatología.
Los días nublados, lluviosos, fríos los asociamos a melancolía, tristeza, hastío y apatía y los días donde el sol reluce y el calor se hace notar nos da ofrece alegría, ganas de hacer cosas, predisposición por hacer más. Y cuando nieva, salvo las personas que ejercen su labor en campos, montañas, carretera, a la interperie, en vez de tristeza es sinónimo de algarabía.
El otoño y el invierno nos ofrece un aspecto meditabundo y la primavera y el verano de explosión de alegría.
El tiempo y el clima afecta también a los que nos encontramos enfermos o hemos tenido alguna intervención quirúrgica. Sabemos de lo que hablamos. ¿Verdad?
Pero el peor invierno es el que no pasa, el que no da oportunidad para que llegue el ansiado verano, el que mantiene la ventana cerrada a cal y canto. Es el invierno de la tristeza, del vacío, de la permanente penumbra.
Hoy os quiero dedicar mi reflexión a todos los que estéis cansados y agobiados porque estáis sufriendo una depresión que es una enfermedad que va matando de dentro para fuera y donde todo no es que se vea negro sino simplemente que no se ve.
Tengo muchas personas queridas que la padecen y sé lo que sufren y también los que los rodean. A todos os digo que os pongáis en manos de los buenos médicos que curan el cuerpo pero sobre todo os pongáis en manos de Dios que es el Señor de nuestras almas. Él nos salva, nos quiere y siempre nos protege.
Doy gracias eternas al Señor por no saber que es esta enfermedad. Dios me ha dado otros camino para llevar mi cruz. Aunque comprendo a los que la padecen y más todavía a los que la sufren si poder hacer mucho más que son los seres más cercanos y queridos.
Hoy abro esta ventana al cielo azul, esplendoroso de una preciosa mañana de primavera para deciros a todos que el Señor está con nosotros siempre.
Recibe, mi querido hermano, un fuerte abrazo y que Dios nos siga bendiciendo.

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